Me hice escritor para no convertirme en un asesino.

viernes, 6 de diciembre de 2019

ANDRÉS

Su madre le echó la bendición y le rogó que no fuera a marchar, él la abrazó le respondió que tenía que hacerlo, que estaba luchando por lo que creía justo. No caminó ni cien pasos cuando fue detenido por dos soldados vestidos de negro. Le pidieron los documentos y lo requisaron minuciosamente  al ver que era estudiante de filosofía, empezaron a agredirlo y a insultarlo :
—Mamerto de mierda —dijo uno de ellos. 
—¿A qué se dedica? —preguntó el otro. 
—Estudio en la universidad —contestó con voz temblorosa.  
—Debe ser guerrillo el hijueputa este, —el soldado más alto lo golpeó en el estómago. 
Varias personas empezaron acercarse a ver qué sucedía, cinco soldados más aparecieron y alejaron a culatazos a los curiosos. —váyanse para su casa, aquí no pasa nada. 
Una mujer trató de decir algo pero le rompieron la boca. Después de 23 eternos minutos, entre improperios y groserías, lo subieron a una camioneta blanca. 
El puñetazo en la cara le obligó abrir los ojos, estaba en una habitación mal alumbrada por una bombilla amarilla, estaba esposado a una silla. El hombre que los golpeaba a la vez le preguntaba: ¿a cuál grupo subversivo pertenecía? ¿Qué quiénes eran sus líderes? ¿Qué a cuántos policías había matado? Él entre lágrimas, sangre y mocos repetía que solo era un estudiante, hijo de una maestra y un carpintero.  Sus palabras heridas no evitaron que le rompieran los dedos uno a uno, que sus piernas fueran quemadas, que un teaser fuera disparado en sus testiculos varias veces. No podía hablar la sangre y varios dientes se atoraron en su garganta. Solo pensaba en el rostro de su madre que lo esperaba sentada en la sala de su casa.  A las cinco de la mañana dejo de sufrir, el cuerpo ya no le dolía.  
Hoy se cumplen 15 años, y doña Inés no ha dejado un solo día de venir a la plaza de Bolívar, pone varias fotos de Andrés junto al libertador, le da comer a las palomas, saluda a los policías que le ofrecen una taza de café caliente, se sienta en el banco que ella misma carga.  Empieza a pasar las cuentas del rosario con sus artríticos dedos, rogando que aparezca alguien y le de una pista sobre el paradero de Andrés. 

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