Me hice escritor para no convertirme en un asesino.

viernes, 27 de diciembre de 2019

AÑO NUEVO

El reloj marcaba las doce, esperaba sentada, aguardando. Él le había prometido que regresaría por ella, que nada evitaría que cumpliera su promesa. Mientras todos se abrazaban y besaban, deseándose un feliz año, esperaba al hombre que amaba. Se estremeció cuando escuchó el primer golpe, el aire se llenó de un perfume putrefacto. Siguió en su lugar, apretó el revólver, la puerta se abrió y disparó. Esa vez se aseguraría que el muy cabrón no volvería a molestarla.  

viernes, 20 de diciembre de 2019

LA CENA

Sonrío con la sonrisa falsa que había aprendido en el lugar donde su familia la había encerrado por 12 años, cuando ella perdió la cordura por la trágica muerte de su hijo. Sería la primera Navidad que pasarían juntos, desde que ella regresó. Se había encargado de todo, la cena, las invitaciones, las decoraciones, el árbol. Después del brindis, empezó a reír de una forma demencial, mientras sus invitados intentaban mover sus cuerpos paralizados.
Saben 12 años son una eternidad, en un cuarto de cuatro paredes blancas exclamó Así que tuve mucho tiempo para pensar y entender qué fue lo que paso. Espero que hayan disfrutado cada maldito centavo de la herencia de papá. Él no confiaba en ninguno de nosotros, y le dejó todo a mi pequeño. Viejo loco como se le ocurre dejar esa responsabilidad a un niño de 2 años.

No dijo nada más, tomó otra copa de vino, cogió el cuchillo que estaba clavado en el pavo. Sus ojos brillaron por primera vez. Empezó a cortar, a clavar, desgarrar, destripar a diestra y siniestra, la sangre cayó sobre ella, las paredes y el reloj que marcaba que la navidad había llegado.

viernes, 13 de diciembre de 2019

Sin Título


Llevo 17 años tratando de capturarlo, todo empezó cuando recibimos un mensaje después de que masacrara a su tercera victima: “De no ser por usted sargento Rodríguez, no hubiera podido escapar, usted no pudo ver que debajo de mi abrigo iba bañado en la sangre de esa perra que los llamó y no me dejó terminar en paz mi trabajo”. Perdí mi trabajo en la policía por no capturar al hombre de la rosa. Ahora estoy viejo y espero poder vengar las 63 mujeres que han sido asesinadas. Pongo dos balas en el tambor del revólver, una para él y la otra para mi.

viernes, 6 de diciembre de 2019

ANDRÉS

Su madre le echó la bendición y le rogó que no fuera a marchar, él la abrazó le respondió que tenía que hacerlo, que estaba luchando por lo que creía justo. No caminó ni cien pasos cuando fue detenido por dos soldados vestidos de negro. Le pidieron los documentos y lo requisaron minuciosamente  al ver que era estudiante de filosofía, empezaron a agredirlo y a insultarlo :
—Mamerto de mierda —dijo uno de ellos. 
—¿A qué se dedica? —preguntó el otro. 
—Estudio en la universidad —contestó con voz temblorosa.  
—Debe ser guerrillo el hijueputa este, —el soldado más alto lo golpeó en el estómago. 
Varias personas empezaron acercarse a ver qué sucedía, cinco soldados más aparecieron y alejaron a culatazos a los curiosos. —váyanse para su casa, aquí no pasa nada. 
Una mujer trató de decir algo pero le rompieron la boca. Después de 23 eternos minutos, entre improperios y groserías, lo subieron a una camioneta blanca. 
El puñetazo en la cara le obligó abrir los ojos, estaba en una habitación mal alumbrada por una bombilla amarilla, estaba esposado a una silla. El hombre que los golpeaba a la vez le preguntaba: ¿a cuál grupo subversivo pertenecía? ¿Qué quiénes eran sus líderes? ¿Qué a cuántos policías había matado? Él entre lágrimas, sangre y mocos repetía que solo era un estudiante, hijo de una maestra y un carpintero.  Sus palabras heridas no evitaron que le rompieran los dedos uno a uno, que sus piernas fueran quemadas, que un teaser fuera disparado en sus testiculos varias veces. No podía hablar la sangre y varios dientes se atoraron en su garganta. Solo pensaba en el rostro de su madre que lo esperaba sentada en la sala de su casa.  A las cinco de la mañana dejo de sufrir, el cuerpo ya no le dolía.  
Hoy se cumplen 15 años, y doña Inés no ha dejado un solo día de venir a la plaza de Bolívar, pone varias fotos de Andrés junto al libertador, le da comer a las palomas, saluda a los policías que le ofrecen una taza de café caliente, se sienta en el banco que ella misma carga.  Empieza a pasar las cuentas del rosario con sus artríticos dedos, rogando que aparezca alguien y le de una pista sobre el paradero de Andrés.