Me hice escritor para no convertirme en un asesino.

viernes, 27 de septiembre de 2019

FRONTERA 3


Natalia Aparicio se cayó de la cama, cuando el segundo misil impactó contra su casa. Empezaron los gritos, el llanto, los disparos, las explosiones. Puesto Amarillo era un punto estratégico para dominar la zona, así que ambos ejércitos habían decidido tomarlo. Natalia agarró a su hijo de la mano y salió corriendo. Vio, a sus vecinos que corrían al igual que ella, las casas destrozadas y devoradas por el fuego. Un nuevo misil impactó junto a ella, lanzándola por los aires, cuando recuperó el sentido aún sujetaba el brazo cercenado de su pequeño. En shock se levantó como un zombi, empezó a moverse sin dirección en medio de los proyectiles, la gente y los cadáveres. Don José el de la tienda trataba de meterse las tripas de nuevo en el vientre. El señor alcalde fue aplastado por una pared mientras follaba a su amante, su esposa caía sin vida cuando una bala le atravesó el ojo. El cura se salvó, pero no su sacristán y concubino. Doña María limpió la sangre de su madre que había explotado por los aires, sin darse cuenta que ella ya no tenía piernas. Carlos caía sin vida salvando a sus hijos, estos se ahogarían tratando de salir del río. Jacinta dio su último suspiro enredada en los fierros de su silla eléctrica. Cuando el ejército azul entraba al pueblo Natalia cruzaba el puente que la llevaba a las afueras, cuando se detuvo para tomarse un descanso creyéndose a salvo, una bala perdida se alojó en su corazón.

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