Natalia
Aparicio se cayó de la cama, cuando el segundo misil impactó contra
su casa. Empezaron los gritos, el llanto, los disparos, las
explosiones. Puesto Amarillo era un punto estratégico para dominar
la zona, así que ambos ejércitos habían decidido tomarlo. Natalia
agarró a su hijo de la mano y salió corriendo. Vio, a sus vecinos
que corrían al igual que ella, las casas destrozadas y devoradas por
el fuego. Un nuevo misil impactó junto a ella, lanzándola por los
aires, cuando recuperó el sentido aún sujetaba el brazo cercenado
de su pequeño. En shock se levantó como un zombi, empezó a moverse
sin dirección en medio de los proyectiles, la gente y los cadáveres.
Don José el de la tienda trataba de meterse las tripas de nuevo en
el vientre. El señor alcalde fue aplastado por una pared mientras
follaba a su amante, su esposa caía sin vida cuando una bala le
atravesó el ojo. El cura se salvó, pero no su sacristán y
concubino. Doña María limpió la sangre de su madre que había
explotado por los aires, sin darse cuenta que ella ya no tenía
piernas. Carlos caía sin vida salvando a sus hijos, estos se
ahogarían tratando de salir del río. Jacinta dio su último suspiro
enredada en los fierros de su silla eléctrica. Cuando el ejército
azul entraba al pueblo Natalia cruzaba el puente que la llevaba a las
afueras, cuando se detuvo para tomarse un descanso creyéndose a
salvo, una bala perdida se alojó en su corazón.
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