Me hice escritor para no convertirme en un asesino.

viernes, 4 de octubre de 2019

FRONTERA 4


Cuando escuchó las botas sonando contra el pavimento en la plaza central, Myriam agarró sus cuatro chiros y huyó de la guerra. Tres días duro su odisea, en los cuales se arrastró en el barro, bebió agua infecta, caminó en la noche, hasta que cruzó la frontera. Al fin había dejado atrás el país que la tenía aguantando hambre, que la obligaba a tener la cabeza agachada, donde te mataban por respirar distinto a lo ordenado. Había llegado a la tierra prometida. Tres horas después sus tripas sonaban por el hambre, caminaba contra la pared tratando de no estorbar a las personas que la miraba con desprecio y lástima. Cuando rogó por un bocado de comida le arrojaron las sobras del perro. A las nueve de la noche mientras un tipo gordo, baboso y borracho le bajaba la ropa interior por cuatro billetes, ella pensaba que su suerte iba a cambiar.

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