Me hice escritor para no convertirme en un asesino.

viernes, 30 de agosto de 2019

EL CRISTIANO

Oró y rogó por su familia. Separó el dinero para el diezmo del domingo. Comió en silencio. Observo el noticiero mientras sus hijos leían la Biblia junto a él. Bañó el rostro de su esposa con su semen. Esperó a que ella se durmiera y se levantó. Una puta o un marica, qué sería esta noche. Se persignó y pidió a Dios que hoy fuera una buena cacería.  

viernes, 23 de agosto de 2019

Sin título

Cinco sospechosos. Un hombre enojado. Un cadáver putrefacto. Un revólver. Cuatro balas.  Un único sobreviviente.

viernes, 16 de agosto de 2019

Sin titulo


Él era el último de su raza, habían pasado 739 años desde que le fue entregado el don de la inmortalidad. Sentado en su pedestal esperaba una razón para salvar al mundo. Ella cruzó frente a él y de forma graciosa le sonrió. Dos años después nos preparamos para el fin del mundo.

viernes, 9 de agosto de 2019

RUTINA


A las seis de la mañana se puso el delantal. Se tomó un café. Fue a la bodega que estaba junto a su casa. Cogió el cuchillo más filoso que tenía. Empezó a cortar la carne con lentitud. El olor a sangre lo excitaba. Le gustaba lo que hacía. Se masturbó con las manos manchadas de sangre. Se preparó para una nueva jornada. Así comenzaba el día del carnicero de la esquina.

viernes, 2 de agosto de 2019

ANTIGUOS HÁBITOS


El juez dijo que estaba bien, que a sus 79 años él no representaba ningún peligro. Se le permitiría pasar sus últimos años de vida en libertad, habían pasado 23 años desde que fue condenado. El perfume de la mesera llenó su cabeza de imágenes de dolor, tortura, sangre, sexo, placer y muerte. Su pene empezó a endurecerse. Su mano dejó de temblar cuando apretó el cuchillo, se estremeció, fue como un corto circuito que le recorrió el cuerpo, eso le gustó. Aguardó hasta que el bar quedo solo, se acercó a la mujer que acomodaba las sillas sobre la mesas. Sonreía, un hilillo de saliva escapaba de la comisura de los labios, el pantalón no podía ocultar su erección. Se sorprendió con la fuerza con la que golpeó. Cuando el cuchillo cortó la carne ella gritó, él se estremeció, aquellos sonidos le recordaron a cada una de las 36 mujeres que habían calmado su ansiedad. La tiró al suelo, la acuchilló varias veces, la penetró en un frenesí de jadeos, se bañó con su sangre, al vaciar su semen en ella se sintió en paz, su misión había empezado de nuevo. 
La policía encontraría cinco días después el cadáver de la novena víctima del "Viejo", como ahora lo llamaban.