Tocó la puerta, no hubo respuesta. Después de tan largo viaje lo había encontrado. Tocó la puerta, no hubo respuesta. Deseaba compartir la verdad que había hallado. Tocó la puerta, no hubo respuesta. Había abandonado a su familia en busca de la solución. Tocó la puerta, no hubo respuesta. El tiempo y la distancia habían hecho que anhelara estar al lado de la mujer que amaba. Tocó la puerta, no hubo respuesta. Comenzó a impacientarse, empezó a sentir miedo. Tocó la puerta, no hubo respuesta. Habían pasado dos horas y él seguía esperando frente a la puerta. Tocó la puerta, no hubo respuesta. Una lágrima brotó de su ojo, el dolor atravesó su corazón, la vista se le nubló, se desplomó sin vida, sus pensamientos se extinguieron. La puerta jamás se abrió.
Me hice escritor para no convertirme en un asesino.
viernes, 28 de junio de 2019
viernes, 21 de junio de 2019
LA CASA
No lo entendía, quería
comprender por qué nadie se quedaba en la casa. Había escuchado los rumores de
que la casa estaba encantada, que en ella habitaba un ser sobrenatural. Buscó,
esperó, investigó y nada encontró. Por primera vez en 200 años desde su llegada
de Transilvania se sintió solo.
viernes, 14 de junio de 2019
GUERRA
La
guerra los había arrastrado a ese momento. Eran unos niños que jugaban con la
muerte. Apuntaban las armas uno contra el otro. Al primero lo habían sacado
arrastras de la escuela a los 9 años, lo llevaron al cuartel y lo convirtieron
en un soldado. Al otro, lo llevaron al monte después de masacrar a su familia.
Ambos habían aprendido a matar y a seguir ideas estúpidas. La lucha los había
hecho fuertes, hombres sin sentimientos.
Se
miraban, se estudiaban, el frío era espeso, no movían ninguno de sus músculos.
Un ave cantó. Los fusiles susurraron. Las balas impactaron. Los niños cayeron
al río. El político llenaba sus bolsillos con el erario de la ciudad y obligaba
a su secretaria a hacerle sexo oral. El revolucionario repartía el botín de
su último pillaje, violaba a una joven de 15 años y planeaba como extorsionar
al país.
viernes, 7 de junio de 2019
EL CAMINANTE
Había perdido la
memoria de cómo llegó a la ciudad. No recordaba su nombre o quién fue. Quería
regresar, quería saber quién era. Recorría las calles de la ciudad
maldita. Con un costal al hombro y una botella de pegante en la boca,
destruyendo las ideas, carcomiendo el alma. Cada vez que lo veía con su barba
blanca y el cabello largo, pensaba que debía ser Dios padre, que había olvidado la
forma de regresar a Edén.
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