Me hice escritor para no convertirme en un asesino.

viernes, 31 de mayo de 2019

LUNES


Estaba enojado, había sido un asco de día. Llegó a la casa, tomó el revólver de la cómoda y el bate de béisbol. Su jefe lo había humillado, su mujer lo había dejado por su profesora de yoga y su estúpido libro sobre el marqués de Sade había sido rechazado por octava vez.  Vio al perro de la vecina cagando en el jardín, explotó.
Le hundió la cabeza al animal con el bate, antes de que la dueña gritara, le disparó dos veces a la cara. El repartidor de domicilios pensaba en lo que le haría a su novia en la noche en el momento que su nariz se rompió en tres pedazos y penetró su cráneo con los demás huesos del rostro, solo bastaron tres golpes para que su mente quedara en blanco. Un policía que no entendía que ocurría, quedó tendido en la mitad de la calle. Bertha que venia de contarle a su amiga que había visto a su marido paseando con la profesora tomados de la mano, quedó tirada en el andén, mientras la sangre y la vida se le escapaban por la boca. Las costillas del viejo Juan Carlos se partieron en pedazos, cuando el bate le aplastó la cabeza, pensaba que dejaría sola a su novia de 18 años. Tres adolescentes que compartían un bareto cayeron sobre sus monopatines, escupiendo los pulmones contra la acera. La anciana sonrió al ser destrozada por los golpes, al fin dejaría de sufrir por el cáncer. La bala que entró en la frente de Azucena terminó con sus pensamientos de cómo acabar con su familia para quedarse con la casa. Pedro falleció sin poder decirle a su pareja, que se había enamorado de su hermana. El corazón de Graciela dejó de latir después de que hijo nonato muriera. El primer disparo de la policía le destrozó la rodilla izquierda, cayó sorprendido, dos proyectiles que penetraron por el vientre le despedazaron el hígado, el estómago y los demás órganos. Fueron 23 balas para detener ese tren de la muerte. Le preguntaron por qué lo había hecho,  aún con vida contestó: —Odio los lunes.

viernes, 24 de mayo de 2019

MARLON: LA HIJA DEL SENADOR



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EL PREMIO DE PERIODISMO


Moisés Agustín Piedrahita, dio las gracias cuando recibió el premio al mejor periodista del año. Uno de sus contradictores había expresado que el periodismo debía estar en decadencia si le otorgaban el máximo logro a un escritor de la crónica roja. Piedrahita era el mejor en lo que hacía, el mismo tomaba las fotos para sus reportajes, cargados de sensacionalismo, exhibicionismo, vísceras y sangre, de una prosa exquisita, que cualquier escritor envidiaría. Nadie sabía cómo, pero siempre era el primero en llegar a lugar de la noticia, incluso antes que la policía. Una mujer se le acercó cuando todos bridaban a su nombre, puso sus pantis y la llave de su habitación en el bolsillo de Moisés, este rechazo la invitación. Al llegar a la casa se cambió el traje por sus ropas de trabajo, sacó de uno de sus cajones los guantes de cuero y su cuchillo de acero, había llegado el momento de escribir la historia del día siguiente.

viernes, 17 de mayo de 2019

COMPAÑIA


Ella sonrió, pasó la lengua por sus labios, eso le gustó a él. Ella dijo que quería besar su verga. Él tragó saliva. Ella jugó con sus pezones. Él se excitó y llevó la mano dentro del pantalón. Ella acarició su clítoris. Él apretó su pene y empezó a masturbarse. Ella se movía y gemía sin dejar de mirarlo. Él trataba de demorar un poco más el momento. Ella gritó su nombre, él eyaculó. Apagó el computador, cerró los ojos, de nuevo estaba solo.

viernes, 10 de mayo de 2019

UNA NOCHE MALA

Son las dos de la mañana, hace mucho frío. Enciendo un cigarrillo. La calle está sola, no hay un alma en las aceras, la lluvia empieza a caer como cuchillas, suena como petardos sobre el techo del taxi. Lo único que me acompaña es la voz de un locutor que habla sobre los suicidas, que estos están condenados a quedarse en este plano. Llevo la mano al bolsillo y acaricio el panty que mi mujer me ha dado para que la piense, en mi larga jornada. 
Por un segundo doy una cabeceada y el automóvil se mueve a la derecha, agradezco que la calle esté sola, cuando retomo el control del timón, una pareja aparece de la nada y me hace el pare. Salgo de las brumas del sueño, me detengo junto a ellos. Él es alto, moreno, su barba esta desordenada y poblada, nada parecida a la mía, que era la burla de mis amigos. La calvicie se ha llevado la mitad de su cabello, aun así es una persona atractiva, solo lleva una camisa blanca, me pregunto como es posible que no este temblando por el frío que esta haciendo. Ella tiene la misma estatura que él, su cabello negro cae sobre la espalda, sus largas piernas están enfundadas en unos leggins negros que dejan ver la forma de la ropa interior, diminuta y que se pierde en las curvas de su redondo culo. Tiene una blusa transparente que me permite ver que no lleva sostén. Cuando abro la puerta para que entren, la mujer besa al hombre con sus labio rojos como convenciéndolo para que se suba, el tipo como un autómata obedece, tiene la mirada perdida en la lejanía. Él parece estar borracho. Me piden que los lleve al otro lado de la ciudad, dejo escapar una sonrisa, este viaje me arreglará el turno de hoy. Arranco, ella se arroja sobre él, empieza a besarlo y aacariciarlo. El hombre de forma mecánica hace lo mismo, le toca los senos, pasa las manos por las nalgas, las piernas, su lengua juega con la de ella que parece devorarlo. Ruego porque mi mujer esté despierta a mi llegada para desahogar la excitación que comienza a despertar entre mi pantalón. La mujer le abre la camisa y pasa los labios por todo su pecho, con la mano busca el miembro duro del hombre. Baja al lugar que quiere besar, su enorme culo queda junto a mí. Puedo ver que el pantalón está roto en el medio de las piernas y veo los dos orificios que se me antojan lamer. Cuando el pene del tipo esta duro se monta sobre él y comienza la danza de arriba hacia abajo, esto le gusta a su compañero, que le acaricia y le muerde los pezones . Ella me mira por el espejo retrovisor, su mirada es pervertida, luego se lanza sobre el cuello del hombre. Este por un momento vuelve en sí y sus ojos se aclaran, asustado grita:
—Ayúdeme… 
Al escuchar esto me fijo en el hilillo de sangre que mancha su camisa, la mujer ha desaparecido para dar espacio a un monstruo sin pelo, con unos ojos negros y enormes colmillos. No puedo decir nada, trato de frenar para salir corriendo… cuando al fin lo logro, su mano huesuda de largos dedos, toma mi cabeza y me lleva hacia ella…

viernes, 3 de mayo de 2019

ADIÓS


Se levanta de su lugar. La sangre brota de sus ojos. Es el momento de despedirse. Toma la copa y bebe dos tragos, el sabor le cosquillea en la lengua, no es su bebida habitual, hoy debe ser así. En el fondo quiere que sea la sangre de su amada. Ella duerme en el lecho que compartieron por última vez. Ha tomado una decisión, no la condenará a la eternidad. Abre la ventana y sonríe, mientras el sol abraza su piel blanca.