El
vampiro le desgarró la garganta a su víctima que gritaba con horror. Era
tanta la ira que sentía que le arrancó el corazón y lo devoró. Un ángel lo
observaba desde una esquina. Lloró y exclamó:
—¿Samuel
qué pasa contigo? —Apretó los dientes, ocultó sus enormes alas y decidió acercarse, pero una mano enorme se posó en su hombro y la frenó.
—No
está permitido que te acerques a él.
—Cómo…
Tu…
—No
digas mi nombre —le interrumpió—Solo he venido a detenerte.
—Pero
él me necesita, está en un punto que no volverá a ser el mismo. Se hará más
salvaje que un nefelim.
—Él
es fuerte, aún no puede ser feliz. Ellos todavía tienen una misión.
—Mierda
—ella miró con rabia al arcángel —ustedes son más crueles que Abba. Esta guerra
acabara con ellos.
Al
decir sus últimas palabras, el arcángel desapareció. Ella vio con tristeza al
vampiro. Empezó a caminar mientras sus alas brotaron. Recordó la noche en que hicieron
el amor. Lloró de nuevo y gritó, se dijo que fue una tonta al no
haberse quedado con él esa noche.
Genial!
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