Me hice escritor para no convertirme en un asesino.

viernes, 24 de agosto de 2018

PERDÓN


De algún modo sabía que era el momento. El final estaba cerca. Llamó a uno de sus amigos que se había ordenado en la misma época que él. Se confesó y pidió perdón por sus pecados. Dejó escapar un suspiro de satisfacción, estaba en paz y pronto estaría enfrente del creador. Rezó por última vez y cerró los ojos. La muerte lo encontró dormido y le dio su beso eterno. Cuando el cura abrió los ojos de nuevo, miró con extrañeza el lugar donde se hallaba. Era un lugar oscuro y helado, una caverna tan profunda que parecía no tener fin. Se preguntó que estaba pasando, él no podía estar aquí, debía haber un error. Pudo escuchar el golpe de unas pezuñas contra la roca que se acercaban. Mientras el perfume del azufre se le metía por las fosas nasales, él lloró. Recordó todos esos niños purificados detrás del altar. Limpio las lágrimas de sus ojos y al frente pudo ver un demonio con una gran verga que apuntaba hacia él: —Al fin, te estaba esperando.


No hay comentarios:

Publicar un comentario