Se despidió de los dueños
de la casa. Era tan fácil engañar. Una palabra aquí, un versículo acá, un
demonio a colación. Le creían cuando veían su cuello blanco y el gran crucifijo
que colgaba de su cuello. Las personas escuchaban todo lo que tenía que decir.
Sin imaginar que él era el más incrédulo. Así que preparó todo para aparentar
que la casa había sido liberada de cualquier energía extraña. Arrojó agua
bendita por varios lugares, se sentó a esperar a que pasaran las cuatro horas para
poder cobrar su dinero. Mientras miraba su celular escuchó un ruido. Le pareció
raro, la casa estaba sola y además aún faltaba tiempo para que ellos regresaran. —Es
una casa vieja —se dijo. Volvió a oír el
mismo sonido, esta vez se preocupó. Se levantó de su lugar a investigar,
esta vez oyó que unos platos se rompían.
Pudo sentir un aire frío que pasó junto a él, pero no vio nada, miró como un
cuchillo se levantaba por los aires y se dirigía
hacia a él. Estaba paralizado, no podía moverse, solo oyó una voz que
exclamaba —jamás juegues con nosotros.
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