Me hice escritor para no convertirme en un asesino.

viernes, 10 de agosto de 2018

EL EXORCISTA


Se despidió de los dueños de la casa. Era tan fácil engañar. Una palabra aquí, un versículo acá, un demonio a colación. Le creían cuando veían su cuello blanco y el gran crucifijo que colgaba de su cuello. Las personas escuchaban todo lo que tenía que decir. Sin imaginar que él era el más incrédulo. Así que preparó todo para aparentar que la casa había sido liberada de cualquier energía extraña. Arrojó agua bendita por varios lugares, se sentó a esperar a que pasaran las cuatro horas para poder cobrar su dinero. Mientras miraba su celular escuchó un ruido. Le pareció raro, la casa estaba sola y además aún faltaba tiempo para que ellos regresaran. —Es una casa vieja —se  dijo.  Volvió a oír el mismo sonido, esta vez se preocupó. Se levantó de su lugar a investigar, esta vez oyó que unos platos se  rompían. Pudo sentir un aire frío que pasó junto a él, pero no vio nada, miró como un cuchillo se levantaba por los aires y se dirigía  hacia a él. Estaba paralizado, no podía moverse, solo oyó una voz que exclamaba  —jamás juegues con nosotros.

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