Me hice escritor para no convertirme en un asesino.

viernes, 15 de junio de 2018

MONSTRUO

Le gustaba rasguñar las paredes, romper los platos, jugar con las luces. El primero en caer en sus fauces fue el gato, después devoró al perro. Por una semana deambuló por los corredores arrastrando una cadena y aullando con un gemido lastimero que hacía temblar a las flores. Los habitantes se mudaron a los pocos días. Ahora él se siente solo y olvidado. Así que de nuevo el monstruo debe esconderse entre las paredes hasta que otra familia llegue habitar la casa. Han pasado 62 años y él aún espera compañía.

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