El
sudor perlaba su frente mientras él ponía la boca del revólver en su sien. Miró
el crucifijo y sonrió. El muy cabrón lo había dejado solo, no había regresado
como lo prometió. Bajó el arma y la dejó en su regazo. Bebió un trago de whisky.
Hizo el nudo de la corbata, brilló los Ferragamo y se puso la chaqueta Armani.
Dio un Suspiro y abrió la puerta de su habitación, Estaba listo para comenzar
el Armagedón.
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