El
sudor perlaba su frente mientras él ponía la boca del revólver en la sien. Bajó
el arma y la dejó en su regazo. No quería hacer lo que su padre le había encomendado,
pero para eso había sido concebido, él era el hijo de la bestia. Miró el
crucifijo y sonrió. El muy cabrón lo había dejado solo, no se enfrentarían de nuevo, no
había regresado como lo prometió. Bebió un trago de whisky. Hizo el nudo de la corbata,
brilló los Ferragamo y se puso la chaqueta Armani. Dio un Suspiro y abrió la
puerta de su habitación, Estaba listo para dar inicio al apocalipsis.
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