Después de tanta
insistencia de que volviera a escribir, lo creé a él. Era hermoso, su rostro era
blanco y duro como el mármol, los ojos tan oscuros que nadie podía adentrarse
en ellos, el cabello largo le caía sobre la espalda, tan brillante que hacia
armonía con su cuerpo escultural. No tenía alma, era el perfecto asesino. Lo acompañé a sus orgías de sangre, a sus masacres insaciables, me sentía satisfecho había creado un ser de la
noche difícil de imitar. Mi editor dijo: Esta es la historia más larga que has escrito, es fría, sin sentido, absurda, sin compromiso, como el vampiro que la
protagonizaba, no vale ni el papel donde esta escrita. Creo que dejó de
respirar después del golpe diez, pero no me detuve hasta que la silla le
aplastó la cabeza. Enrollé mi manuscrito y se lo metí en la boca, de esa forma
también lo asesiné a él. Esa noche maté a mi primera víctima de las 52 que probarían
mi soga. Esa noche me encontré conmigo mismo. Esa noche me encontré con el
hombre que cojea.
No hay comentarios:
Publicar un comentario