Se echó la bendición,
corrió y de un salto llegó a la entrada. La estación estaba atestada de
personas. Las puertas electrónicas no habían cerrado. El pie izquierdo del tipo
no se apoyó bien y este resbaló, cayendo en el momento exacto en que pasaba el
Transmilenio. La cabeza le explotó como una sandía cuando la llanta pasó sobre
ella. Es dos segundos todo se convirtió en caos y locura, hubo gritos,
maldiciones. Una señora vomitó sobre el traje nuevo del abogado. La rubia
artificial no se dio cuenta que sucedió, ya que enviaba un mensaje a su pareja
que en la noche le tenía un regalito. El policía trataba mirarle el culo a dos
jovencitas que despertaban su morbo. La monja perdió el sentido al pensar que
su periodo llevaba tres días sin llegar. Varias personas lo criticaron, otros
culparon al chófer del bus. El buen hombre dejaba en su casa de cartón una
mujer con varias costillas rotas y la nariz fracturada. Una pequeña niña a la
que ya le había tocado la entrepierna dos veces.
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