7:57 de la mañana, el ángel se sentaba, encendía el computador y se ponía los audífonos.
El profesor: —Dios mío, que este mes nos paguen todo.
La joven: –Señor, que él no se de cuenta.
El reverendo: —Perdón señor, espero haber convencido a sus padres de que yo no fui.
El ladrón: —Dios padre, dame velocidad para que no me atrapen.
La prostituta: —Padre, bendíceme y protege a mi familia.
El campesino: —¡Que hermoso día!
La dama: —Que esa bruja sienta lo mismo que yo.
El doctor: —Ay, Dios, que el señor Rodríguez despierte.
El suicida: —Ven por mi virus del demonio y llévame.
Andrés: —¡Que se haga tu voluntad!
Érica: —¿Por qué? ¿Por qué ella? ¡Maldito seas!
Jimena: —Señor, no permitas que sufra mucho.
El gato: —¡Miau!
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