Cuando llegó la tercera ola del virus, encerró a su familia y amigos en un búnker. Lo llamaron loco y cuando los alimentos faltaron lo devoraron. Luego de 639 días, la locura reinaba, una alarma sonó, las puertas se abrieron y una voz se escuchó: “Si mis cálculos no están mal, la vacuna al fin habrá podido vencer a la enfermedad’. Los sobrevivientes empezaron a caminar entre cadáveres, caminantes putrefactos y mutantes. Millones de bunkers se abrían en el mundo. Era el inicio de una nueva era.
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