Me hice escritor para no convertirme en un asesino.

viernes, 27 de septiembre de 2019

FRONTERA 3


Natalia Aparicio se cayó de la cama, cuando el segundo misil impactó contra su casa. Empezaron los gritos, el llanto, los disparos, las explosiones. Puesto Amarillo era un punto estratégico para dominar la zona, así que ambos ejércitos habían decidido tomarlo. Natalia agarró a su hijo de la mano y salió corriendo. Vio, a sus vecinos que corrían al igual que ella, las casas destrozadas y devoradas por el fuego. Un nuevo misil impactó junto a ella, lanzándola por los aires, cuando recuperó el sentido aún sujetaba el brazo cercenado de su pequeño. En shock se levantó como un zombi, empezó a moverse sin dirección en medio de los proyectiles, la gente y los cadáveres. Don José el de la tienda trataba de meterse las tripas de nuevo en el vientre. El señor alcalde fue aplastado por una pared mientras follaba a su amante, su esposa caía sin vida cuando una bala le atravesó el ojo. El cura se salvó, pero no su sacristán y concubino. Doña María limpió la sangre de su madre que había explotado por los aires, sin darse cuenta que ella ya no tenía piernas. Carlos caía sin vida salvando a sus hijos, estos se ahogarían tratando de salir del río. Jacinta dio su último suspiro enredada en los fierros de su silla eléctrica. Cuando el ejército azul entraba al pueblo Natalia cruzaba el puente que la llevaba a las afueras, cuando se detuvo para tomarse un descanso creyéndose a salvo, una bala perdida se alojó en su corazón.

viernes, 20 de septiembre de 2019

FRONTERA 2


Aeropuerto, cinco de la mañana, hacía frío. Nicolás Jiménez esperaba junto a sus compañeros a que llegara el capitán encargado de su compañía. Todo había sido muy rápido, todo se había precipitado cuando un misil S-300 había impactado en la casa presidencial matando al presidente y a sus colaboradores. Luego la vicepresidenta declaró la guerra. Cinco horas después Nicolás fue sacado de su catre, obligado hacer las maletas y subido a un camión. No había podido despedirse de su madre y, ni de su novia. Les habían dicho que irían a defender la soberanía del país, la libertad de sus compatriotas. Parado en la oscuridad empezaba a tener miedo, no quería morir en otras tierras, en otro país. Recordó la promesa de Adriana, le daría la prueba de amor cuando terminara de prestar el servicio militar. Rogó por su madre y sus hermanos, se dio cuenta que era la primera vez que pensaba que no volvería a verlos. 
El capitán era alto, su cabello escaso y su barriga sobresalía del pantalón, llegó gritando órdenes sin mirarlos a los ojos, les dijo que debían estar orgullosos por ser el primer contingente en ir a la frontera, ellos devolverían el golpe al enemigo, enfrentarían al dictador, usurpador y criminal, del otro país. Cuando les ordenaron subir al avión Nicolás no se movió de su puesto, sintió que la orina bajaba por su pierna.  
—Soldado —gritó el superior— no escucho lo que dije. 
—Si señor, pero yo no voy a ir ningún lado.
—Maricon de mierda, no se lo estoy pidiendo...
—Lo sé señor, pero prefiero que me maten a aquí y no en otro lugar, —el capitán lo miró sorprendido, el joven ni siquiera sabía lo que había dicho. Sus compañeros se detuvieron, observaban asombrados la actitud de Nicolás. El rostro del capitán se fue poniendo rojo, comenzó a sudar y exclamó:
—Por última vez, súbase al maldito avión. 
El joven no respondió, deseaba correr, huir, no lo hizo, pidió perdón a su madre, no podría cumplir la promesa que le había hecho. El hombre al ver la decisión del recluta comenzaba a ser contagiosa, los otros reservistas ponían sus morrales en el suelo, escupió y desenfundó su pistola. Una lágrima corrió por el rostro de Nicolás, quiso pensar en Adrianita, pero el aliento no le alcanzó, la bala que le destrozó el pecho le quitó la vida al instante.  
—Alguien más se quiere quedar —preguntó apuntándoles. Los jóvenes soldados volvieron a recoger sus cosas. En la pista del aeropuerto militar quedó tendido Nicolás Jiménez, mientras sus camaradas se dirigían a jugar a la guerra. 

viernes, 13 de septiembre de 2019

FRONTERA

La frontera militarizada. Un país agrede. Un país tiene miedo. Una situación cómica. Izquierda, derecha, prometen el Valhalla. Ancianos adictos a las niñas y al poder juegan a ser dioses. Niños que se masturban con las tetas de sus novias empuñan los fusiles contra sus hermanos. El silencio es sospechoso. Los periodistas babosos esperan el inicio del conteo de cadáveres. Las madres lloran. Un escritor pide perdón y se suicida. Un joven abogado grita paz y es descuartizado. El demonio limpia la sangre de su pecho mientras rompe el culo de su guardaespaldas, sonríe al ver que sus planes se hacen realidad. 3 de la mañana, el soldado ve la foto de su novia tratando de no dormirse. Hace frío, lleva tres días sin dormir. Cabecea sobre los controles. Espera metido en el tanque, el ataque inminente del enemigo. El sueño vence.  El misil explota en el camino. Un segundo disparo como respuesta. Mueren 50 gallinas, cinco hombres, tres mujeres. El soldado sigue dormido. Inicia la última guerra.  

viernes, 6 de septiembre de 2019

MUERTE LTDA

Se levantó como lo hacía desde hace 325 años. Vistió su traje negro. Revisó la lista, 117 personas para el día de trabajo. Desde que trabajaba para MUERTE LTDA su vida era una rutina diaria.  Ir donde estaba el alma, recogerla y depositarla en la urna, una tras otra. Con algunas excepciones, como la masacre que sucedería esa tarde donde una loca mataría a 29 personas para acabar con sus demonios, los hombres.  Pero antes visitaría a Raquel que moriría sola en la sala de un hospital.  
Llegó puntual como siempre, observó el reloj, esperó a que diera su última exhalación. Miró lo hermosa que era, se perdió en su mirada que empezaba a dejar de brillar. Una lágrima corrió por su mejilla, el aire le hacía falta, el pecho le dolió, su corazón latió tres veces. La tomó de la mano, la besó con suavidad y huyó con ella.