Me hice escritor para no convertirme en un asesino.

viernes, 28 de septiembre de 2018

EL JUICIO


Señor juez, lo hice porque ella quería, lo pedía a gritos. Después de quince copas se lanzó sobre mí y restregó sus calzones en mi cara. Le di dos lamidas y la empujé. Fingí bostezar, en ese momento no me apetecía, había pasado toda la mañana masturbándome. Continuaba con sus caricias y metió una de sus manos dentro de mi pantalón. Mi amigo tardo en despertarse. La abofeteé y la tiré contra el piso. La sangre brotó entre la comisura de sus labios. Vi que iba a gritar y estrellé mi puño contra su nariz haciéndola pedazos. No podía hablar. Saqué mi navaja y le atravesé la garganta. Al ver el color rojo en sus tetas mi verga al fin se puso dura. Clavé varias veces el acero contra su cuerpo que empezaba a perder movilidad, solo era un guiñapo de carne. Después con la calma de la noche, la corté en pequeños pedazos, que cupieran en las diminutas cajas que después puse en el correo. Así que señor juez, lo hice porque yo no quería follar en ese momento.


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