Después perforar el estómago
del matador con el cuerno y esparcir sus intestinos por toda la plaza, Odiseo
no detuvo la carrera, ni siquiera por los dos hombres que tratan de detener su
marcha con el capote. Pasó sobre ellos, a
uno le rompió dos costillas, al otro le destrozó el rostro. Él había escuchado
ciertos rumores entre los otros toros del corral. Habían dicho que cuando un
toro mata a un torero en la arena, la familia de este debe morir. Pensar en
Estrella y sus dos novillos hizo que el corazón le explotara de miedo e ira. Así que
continuó corriendo, saltó la barrera y embistió al público. Él había visto que
la mujer que estaba en frente suyo había besado al hombre que estaba tendido
ahogándose con su propia sangre, así que fue hacia ella, le atravesó la cabeza
de lado a lado, la arrastró varios metros del lugar, mientras sus patas aplastaban
al bebe que la mujer alzaba. Dos monjas, una anciana y tres políticos que no pudieron cobrar su
parte al día siguiente, fueron las victimas de Odiseo. Muchos heridos hasta que
una de las veinte balas disparadas contra él, explotó en su cabeza.
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