Me hice escritor para no convertirme en un asesino.

viernes, 30 de junio de 2017

ODISEO

Después perforar el estómago del matador con el cuerno y esparcir sus intestinos por toda la plaza, Odiseo no detuvo la carrera, ni siquiera por los dos hombres que tratan de detener su marcha con el capote.  Pasó sobre ellos, a uno le rompió dos costillas, al otro le destrozó el rostro. Él había escuchado ciertos rumores entre los otros toros del corral. Habían dicho que cuando un toro mata a un torero en la arena, la familia de este debe morir. Pensar en Estrella y sus dos novillos hizo que el corazón le explotara de miedo e ira. Así que continuó corriendo, saltó la barrera y embistió al público. Él había visto que la mujer que estaba en frente suyo había besado al hombre que estaba tendido ahogándose con su propia sangre, así que fue hacia ella, le atravesó la cabeza de lado a lado, la arrastró varios metros del lugar, mientras sus patas aplastaban al bebe que la mujer alzaba. Dos monjas, una anciana  y tres políticos que no pudieron cobrar su parte al día siguiente, fueron las victimas de Odiseo. Muchos heridos hasta que una de las veinte balas disparadas contra él, explotó en su cabeza. 

viernes, 23 de junio de 2017

Sin Titulo

Ahora que escribo sobre ellos, recuerdo la época en que era feliz. Como olvidar cada sonrisa, cada rostro, cada niño que destrocé con mi verga. 

viernes, 16 de junio de 2017

Sin titulo

Seis de la mañana. Ella se levanta. Reza un padre nuestro y dos aves marías junto a él.  Lo besa en la frente. La sala huele mal, pero ya está acostumbrada, aunque más tarde gastará medio frasco de aromatizante para erradicar el mal olor por resto del día. Barre los bichos muertos y cuelga un nuevo papel pegamoscas en medio de la habitación. Se ha habituado a tenerlo, que por momentos olvida que está ahí, como esa noche que su nuevo novio le bajó la ropa interior y la penetró brutalmente hasta que la hizo gritar como una perra, como jamás lo había logrado él. Era divertido que estuviera en casa, los vecinos pasan a saludarlo, algunos hasta contarles sus cosas, la casa está siempre llena de visitas. Hoy es diferente, al fin llegó la carta que esperaba más de un año, el permiso de parte de la secretaria para poder enterarlo. Dejó escapar una sonrisa, no pensaba que iba a ser un poco difícil decirle adiós a su esposo, que está tendido sobre la mesa. Ni siquiera hace un año, esa noche cuando él descubrió que ella le era infiel. Esa noche que ella le rompió el candelabro en la cabeza.

viernes, 2 de junio de 2017

INICIO

Una lágrima cruza el rostro del doctor. El revólver tiembla en su mano. Ha fallado dos disparos y ella se acerca. Dios es un maldito sádico, esto no debía terminar así. Ella se acerca más, puede sentir un olor putrefacto que llega a su nariz. Quería desmayarse. Pero debe despedirse de ella. La mujer que ama. La mujer que quiere saborear su piel.

Le tomó cinco años encontrar la cura para la extraña enfermedad que atacó a su cónyuge. Una rara bacteria la estaba devorando por dentro. “Debí esperar una semana más” sería el mantra que repetiría hasta el día de su muerte. Al observar a los chimpancés con los cuales había experimentado, estos parecían haber vencido la bacteria, se convenció para probar la vacuna en su esposa. No podía soportar el verla tendía en la cama sobre su sangre, heces, orina y fluidos. Estaba tan delgada que se podían contar las costillas a través de su piel. Sus ojos eran dos cuencas vacías que parecían decir mátame. Su cabello había caído casi en su totalidad, su piel era transparente. Ella empezó a recuperarse al tercer día, su mirada empezó a tener un pequeño brillo de esperanza. A la semana pudo sentarse y no tuvo que usar pañal. Así que él fue al laboratorio para celebrar su descubrimiento y lo que encontró fue uno de los primates comiéndose el estómago del otro. Con sangre fría envenenó el aire de área de pruebas y esperó a que murieran los chimpancés. El experimento había fallado. En ese instante lo entendió y lloró con amargura. Tomó el revólver que guardaba en el cajón de su escritorio y regresó a la casa. Ella tardó tres semanas para empezar a cambiar y él los aprovechó para robarle un poco más de felicidad a la vida, aunque en el fondo sabía cuál sería el final de su historia. Lo supo cuando la piel de ella empezó a caerse a pedazos y a oler a carne muerta. Se olvidó de las palabras para dar paso a unos guturales quejidos, sus movimientos se hicieron salvajes y violentos. Tuvo que atarla.

Ahora se ha soltado de sus ataduras, se acerca con lentitud, un hilillo de saliva y sangre nauseabunda escapa entre sus labios. Él está herido, ella lo ha mordido. De nuevo ha errado los disparos. No quiere hacerle daño. No importa en que se ha convertido es la mujer que juró amar hasta el día de su muerte. El revolver escapa de sus manos y cae. Trata de alejarse, se arrastra, la pérdida de sangre lo hace lento y ella se abalanza sobre él. El  segundo mordisco es en el cuello. Muere al instante, no se da cuenta de que ella se alimenta de su corazón y viseras, antes de salir de la casa, para encontrarse con la niña de doce años de la casa de al lado. La criatura muere de un infarto cuando la mujer la ataca. Ella sigue caminando en busca de una  nueva víctima. La pequeña se levanta con sus tripas escapando de su vientre, su mirada ha desaparecido y también comienza su ruta de muerte… El resto de la historia ya es conocida.