El
anciano se tomó un momento y dejo escapar un suspiro con desgano. Él cuenta
historias se sentía cansado. Escribir no era lo mismo. Era la misma mierda día
tras día. Miró la repisa que se encontraba enfrente de él. Sonrió al ver los
libros que en ella estaban, 7 novelas, 5 antologías de cuentos, su autobiografía
que le había vendido como ficción a su editora. Los premios y menciones que
había ganado en el transcurso del tiempo que había ejercido su oficio de
tusitala. Todo era vacío y estúpido, nada era real para él. En ese instante la
puerta de su estudio se abrió y entró ella, había tardado 20 años en regresar y
decirle: —Aquí estoy, ámame.
—Es
tarde —contestó el viejo— ya no importa. Y él cuenta historias se desvaneció en
el aire, como cada una de las páginas de amor que había escrito para ella.
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