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43 de la tarde, el cielo estaba gris y la temperatura aumentaba. A un lado la policía
con las armas preparadas para disparar, en el otro las personas que exigían lo
que pensaban que era correcto. Gritos, cantos, algarabía, sonrisas, ordenes,
amenazas. Sonó una explosión, no sabían de donde venia o a donde se dirigía. No
se supo quien disparó primero, pero ese fue el inicio del caos.
El
hombre que cojea estaba en medio de la fuerza especial de la policía, sonreía,
se podían ver sus dientes. Una granada se estrelló contra la columna de una
mujer que buscaba a su hija y se la partió en dos. Olía a muerte y él lo sabía.
Una mujer policía perdió la vista cuando una bomba molotov impactó en su
escudo.
Samuel
Barret, recordó el tiempo cuando era un humano y vivía en Irlanda. Lideró el
primer grupo que enfrentó la tanqueta que iba aplastar a las ancianas que lo único
que querían era saber que había sucedido con sus hijos.
El
ángel, extendió sus alas para proteger a tres chicas, que trataban de cubrirse
con sus ropas destrozadas. Sus manos se mancharían de sangre otra vez.
El
guardabosques con sus grandes puños se abrió paso entre la policía, para
que pudieran sacar a un perro herido del
enfrentamiento y también a dos humanos. Rompió cráneos, costillas, un brazo y
varias narices, un hombre al ver la furia en sus ojos tembló a pesar de su
armadura.
Por
primera vez el detective no hablo con su amigo. El sargento quería decirle
algo, pero era imposible, como explicarle que esas eran sus órdenes, aunque era
un asco, él era un policía. Marlon intentaba mantener despierta a la chica que
sujetaba con sus brazos, está en cada exhalación bañaba su pecho con sangre. Lloró
mientras la vida de la mujer se extinguía. Puso el cuerpo con suavidad en el
suelo. Saltó sobre el uniformado que había disparado, se necesitaron cuatro
hombres para detenerlo. El policía tardaría tres meses en salir del hospital.
Después
de varios disparos, gases, peleas, gritos, lágrimas, terminó un día más de
protesta. Los heridos fueron a curar sus heridas. Los demás a prepararse para
el día siguiente. ¡La lucha continuaba!
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