Me hice escritor para no convertirme en un asesino.

viernes, 11 de diciembre de 2020

VACUNA

Cuando la vacuna contra el virus llegó al país, fue de los primeros en ofrecerse voluntario, creía con fervor que era el inicio del fin de la pesadilla. Seis meses después despertaría a medianoche con sed y hambre, de su boca escapaba una salvia espesa y maloliente. Los pechos caídos de su mujer se vieron apetitosos, se lanzó sobre ella, tardó 17 minutos en devorar las entrañas y la mitad de la cara de su pareja. Se levantó, arrastrando los pies se dirigió a la habitación de sus hijos. Esa historia empezaba a repetirse en muchos hogares.  


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