Me hice escritor para no convertirme en un asesino.

viernes, 25 de octubre de 2019

LA NOCHE

El sonido de sus tacones rompe el silencio. Tiene miedo, trata de cubrir sus muslos con su diminuto vestido. Abotona los dos botones  de su camisa para ocultar la profundidad de su escote.  Se dice que es una tonta por no dejar que su compañero la acompañara, pero era que el muy cretino quería tocar más allá de su ropa interior y ella solo lo quería como amigo. Ríe nerviosa, nuestras tetas y la vagina es lo único que quieren de nosotras, piensa. Escucha unos pasos detrás de ella. Aprieta las piernas, como si así fuera a evitar lo que iba a suceder. Se prepara para defenderse, por lo menos no le haría las cosas fáciles al atacante. La criatura salta sobre ella y de un mordisco le desgarra el cuello. Dientes y garras destripan a la mujer. La sangre baña el suelo mientras el monstruo le aúlla a la luna. El hombre lobo de nuevo ha calmado él hambre por un mes. 

viernes, 18 de octubre de 2019

LÁGRIMAS ROJAS

Sangre. Vísceras. Un vampiro enamorado. Sexo. Sangre. Un corazón roto. Una mujer destrozada.

viernes, 11 de octubre de 2019

FRONTERA 5

Acarició las nalgas de su joven amante.  El general se levantó de la cama, encendió un cigarrillo y se acercó al mapa.  Movió unos tanque acá, unos soldados allá, suspiro y se sintió satisfecho. Envió sus órdenes por email. Su error de cálculo le costó la vida a 103.522 soldados, 128 civiles, 5 perros, un gato y una coneja.  

viernes, 4 de octubre de 2019

FRONTERA 4


Cuando escuchó las botas sonando contra el pavimento en la plaza central, Myriam agarró sus cuatro chiros y huyó de la guerra. Tres días duro su odisea, en los cuales se arrastró en el barro, bebió agua infecta, caminó en la noche, hasta que cruzó la frontera. Al fin había dejado atrás el país que la tenía aguantando hambre, que la obligaba a tener la cabeza agachada, donde te mataban por respirar distinto a lo ordenado. Había llegado a la tierra prometida. Tres horas después sus tripas sonaban por el hambre, caminaba contra la pared tratando de no estorbar a las personas que la miraba con desprecio y lástima. Cuando rogó por un bocado de comida le arrojaron las sobras del perro. A las nueve de la noche mientras un tipo gordo, baboso y borracho le bajaba la ropa interior por cuatro billetes, ella pensaba que su suerte iba a cambiar.