Me hice escritor para no convertirme en un asesino.

viernes, 27 de julio de 2018

CARRERA


Se inclinó y con ternura besó los labios inertes de la mujer con la que compartió su lecho por tantos años. Una lágrima resbaló por su rostro durante el descenso del féretro. Mientras los dos empleados del lugar cubrían el ataúd, apretó con fuerza los cordones de los zapatos. Cuando los últimos granos de tierra cayeron empezó a correr. Corrió y corrió, de un lado a otro, sin detenerse, sin perder el aliento. Corrió tanto que dejó atrás a la muerte. Vio tres generaciones desaparecer y al mundo cambiar. Aún sigue corriendo por el camino árido que ya conoce cada una de sus huellas. El inmortal no ha encontrado alguien que le dé motivos para detener su carrera.

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