El cuerpo de la víctima
cayó a sus pies. Había dado un último sorbo de sangre antes de que la mujer se
diera cuenta que era atacada. Se sentía tan aburrido que ya no jugaba con sus
presas, solo eran recipientes de la esencia que necesitaba para vivir. Llevaba
200 años aquí, que había empezado a odiar esta ciudad que alguna vez lo
maravillo. Quería marcharse, pero no podía, aguardaba el momento a que ella
regresara.
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