…a
Martha
La
gran guerra terminó. Un solo castillo en pie. Cinco razas destrozadas. Sus pies
pesaban por el cansancio. Su armadura estaba abollada y manchada por sangre de
orco. Su espada estaba rota. Una herida abierta cruzaba su costado. Su rostro
era cubierto por una melena sucia y una barba desordenada. El cumplió su promesa, había regresado con vida.
Ella
dijo: —Debes bañarte si quieres acercarte a mí.
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