Me hice escritor para no convertirme en un asesino.

viernes, 9 de diciembre de 2016

AMADA ESPOSA

            Estoy a tu lado y creo saber lo que tengo que hacer. El anciano me ha metido ciertas ideas raras en la cabeza. No sé si tendré la fuerza para hacerlo, trato de erradicar éste pensamiento mientras te observo acostada en ese ataúd. Me repito que estás muerta, no obstante parece que sólo estuvieras dormida. Me inclino y beso tus helados labios. Aprieto con fuerza el trozo de madera que debo clavar en tu corazón. El manto de la noche empieza a cubrirlo todo y ruego que aquel loco esté equivocado. Puedo ver como tus mejillas se sonrojan, como tus labios se tiñen de rojo. Dejo caer el madero y el martillo cuando abres los ojos. Entonces comprendo porque estoy aquí. A que vine a éste lugar. No fue para matarte. Guardaba la esperanza de verte de nuevo. No tiemblo, aun cuando tengo mis ojos fijos en tus colmillos. Te acercas a mí y no me muevo de mi lugar. Quiero darte un último regalo, mi sangre, mi vida. Te abrazo cómo lo hacía cuando estábamos juntos. Cierro los ojos y puedo sentir como me desgarras la garganta.

No hay comentarios:

Publicar un comentario