Me hice escritor para no convertirme en un asesino.

viernes, 8 de julio de 2016

DANZA

Dejó los tenis y sus medias a lado de la mujer que lo acompañaba. Caminó con lentitud mientras se soltaba el cabello. La música empezaba a metérsele en la sangre. Como si un resorte en su cuello se activara empezó a moverlo al ritmo de la batería. Se metió al grupo de personas que giraban al compás de la guitarra. Trató de imitar la voz del cantante sacando un grito desde lo más profundo de sus entrañas. Uno de sus puños se estampó contra una las de las tetas de la mujer que le rompía el labio con sus uñas. Un hombre que  lo doblaba en altura le sacó el aire, mientras un chico con una cresta anaranjada hacia sangrar su nariz. Él clavó su pie descalzo en la entrepierna de un joven que por sus vestimentas parecía copiar a uno de los seres de la noche. Él se sentía vivo, la adrenalina hacia hervir su cuerpo que se extasiaba al ritmo de esas notas que solo ellos podían entender. Golpeó la nalga de una chica que tenía el cabello pintado de azul, su mano se lastimó cundo se estrelló con los taches puntiagudos de un punk  que vestía al igual que Sid Vicious. Él sonrió mientras observaba a sus cómplices, a sus compañeros en tan brutal danza. Levantó los brazos y gritó de nuevo, cuando su corazón hinchado de felicidad explotaba, haciendo que se desplomara contra el suelo. Su vida se extinguía mientras su cuerpo  era aplastado por  los demás danzantes.

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