Dejó los tenis y sus
medias a lado de la mujer que lo acompañaba. Caminó con lentitud mientras se
soltaba el cabello. La música empezaba a metérsele en la sangre. Como si un resorte en su cuello se activara empezó
a moverlo al ritmo de la batería. Se metió al grupo de personas que giraban al compás de la guitarra. Trató de imitar la voz del cantante sacando un grito
desde lo más profundo de sus entrañas. Uno de sus puños se estampó contra una
las de las tetas de la mujer que le rompía el labio con sus uñas. Un hombre que lo doblaba en altura le sacó el aire, mientras
un chico con una cresta anaranjada hacia sangrar su nariz. Él clavó su
pie descalzo en la entrepierna de un joven que por sus vestimentas parecía copiar
a uno de los seres de la noche. Él se sentía vivo, la adrenalina hacia hervir
su cuerpo que se extasiaba al ritmo de esas notas que solo ellos podían entender.
Golpeó la nalga de una chica que tenía el cabello pintado de azul, su mano se lastimó cundo se estrelló
con los taches puntiagudos de un punk que
vestía al igual que Sid Vicious. Él sonrió mientras observaba a sus cómplices,
a sus compañeros en tan brutal danza. Levantó los brazos y gritó de nuevo,
cuando su corazón hinchado de felicidad explotaba, haciendo que se desplomara
contra el suelo. Su vida se extinguía mientras su cuerpo era aplastado por los demás danzantes.
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