Me hice escritor para no convertirme en un asesino.

viernes, 27 de noviembre de 2020

AMANDA

Después de quince años aún se sentía incómoda haciendo aquella fila. Se había prometido que la haría cuántas veces tuviera que hacerla. Sabía que la observaban, que era juzgada por la anciana que visitaba a su nieto que había propinado 30 puñaladas a un hombre para robarlo, por la dama que visitaba a su esposo que cobraba medio millón por cada muñeco que le encargaban, por la prostituta que tenía varios presos como sus clientes habituales. ¿Qué crimen horrible habría cometido la persona que visitaba, para que ella no les contara? La requisaron y la hicieron seguir por el corredor oscuro y frío que ella conocía. Lo vio sentado a un lado de la cancha de fútbol, fumaba y tomaba un café. Ella suspiró y puso su mejor sonrisa. El viejo se alegró al verla, arrojó el cigarrillo y se acercó. 

—Mi niña, sumercé sabe que no debe venir siempre.

—Mientras pueda siempre vendré a verlo don Andrés. 

Quería abrazarlo, llorar, decirle que lo sentía, pero no podía dejar que el exconductor de taxi, que había matado a un hombre a golpes para evitar que esté la violara, la viera triste. Le entregó lo que le traía, un paquete de cigarrillos, un par de libros del oeste y una foto ella con su diploma de abogada. Le dijo que muy pronto lo sacará a de la cárcel.  


viernes, 20 de noviembre de 2020

EDGAR

Abrió los ojos, sé sintió mareado, tenía la vista borrosa, después de un par de segundos observó a la multitud alrededor de su cuerpo, su cerebro estaba embarrado en el asfalto, una mujer lloraba dentro del automóvil que estaba sobre él. No recordaba que había sucedido, cerró los ojos. 

Abrió los ojos, estaba en la morgue dónde fue etiquetado con el número 35789 y llevado al deposito 473, dónde pasaría los siguientes 6 meses. Nadie fue a buscarlo, nadie lo quería empezó recordar ese vacío que tenia cuando estaba vivo, cerró los ojos. 

Abrió los ojos, llovía, mientras cuatro hombres lo arrojaban a una fosa junto a 5 cinco cadáveres más, sin nombre, sin recuerdos, sin un adiós, sin un porque. Cerró los ojos.  

Abrió los ojos, estaba en casa, su madre lloraba en su habitación,  su hermano recorría las calles buscándolo, su padre ahogaba su angustia en alcohol, su hermana pequeña no dejaba de levantar el teléfono. ¿Qué sucedía allí? Lloró con amargura.  


viernes, 13 de noviembre de 2020

CARTA

 “Querido detective: imagino que cuando lea esto, ya habrán descubierto los cuerpos. Usted me verá como un monstruo, yo lo hice para liberarme. Todo empezó con la cuarentena , el encierro hizo que descubriera que los golpes y gritos por parte de mi pareja no eran amor. Después de tanto tiempo pensé que nadie me creería, así que tomé la decisión de hacerlo por mi misma. Los dos hombres que están en el garage fueron un ensayo, quería que con él todo fuera perfecto. Lo hice un sábado en la noche, lo ví retorcerse por el veneno, me gustó, lo disfruté. Sin él, el dinero empezó hacer falta, la cuarentena se hizo eterna y yo no lograba ganar lo suficiente. No soportaba ver a mis hijos con hambre, espere a que estuvieran dormidos y les inyecte el veneno. De ese modo me despedí de mi madre y mi familia, lloré y ruego que sea la última lágrima que derrame. Soy feliz, tengo un propósito, liberar a las personas de su miseria de estar vivos.”