Me hice escritor para no convertirme en un asesino.

viernes, 30 de octubre de 2020

ANDRÉS PINTO

Se puso nervioso al escuchar que hablaban de él. Una anciana lo señalaba sin ningún pudor. Quiso salir de la tienda, pero un hombre corpulento se lo evitó clavando el puño en su estómago. Mientras recuperaba el aliento fue arrastrado a la calle. Donde las personas empezaban a juntarse a su alrededor. “Es él”, “dicen que mató a su hija y a su mujer”, “Que las violó y destripó”, eran las frases que podía entender con su cabeza embotada. Intentó decir algo pero no pudo por culpa de los improperios, escupitajos, golpes que llovieron sobre él. Lo desnudaron y lo amarraron a un poste. Un viejo lo golpeó en los testículos con el bastón, una mujer le arrancó un mechón de pelos, escupió sangre ya que no podía respirar con su nariz rota Nadie recuerda quien clavó el cuchillo por primera vez, su cuerpo recibió 43 puñaladas, antes de que la policía hiciera su aparición. Murió en la ambulancia, mientras el capitán de la estación le comunicaba a su familia que lo habían asesinado por un error, lo habían confundido con el asesino que había sido capturado esa mañana. 



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