La primera vez que vi un ángel, no se presentó
como las imágenes de las iglesias, tampoco tenía alas. Era pequeño y tenía la
ropa sucia, su hablar a media lengua demostraba algún retraso, se subió al bus
a cantar con su voz ronca tratando de alegrarnos el momento como él mismo prometía.
En sus ojos se veía la inocencia, tan pura y diáfana que era imposible no
sentirse tranquilo a su lado. A pesar de su mal olor nadie se apartaba, lo escuchaban
con atención cuando les prometía mil bendiciones del creador, hasta yo sonreí
cuando me ofreció un dulce a cambio de una moneda. Saqué mi arma y disparé dos
veces, no podía soportar tanta perfección.
No hay comentarios:
Publicar un comentario