Se subió
en el primer taxi que encontró. Con destreza guardó el arma que había escondido
entre sus libros de Bukowski. Mientras el auto lo llevaba a la ciudad, vio el
atardecer en la playa. Aquella ciudad sería testigo de su venganza. En ella
encontraría a la mujer que había asesinado a su amigo. También hallaría al amor
y con ello la muerte.
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